El momento de España: Apariencia de progreso y vacío de su alma

Columna de opinión para The Objective

España se encuentra atrapada en una paradoja que pocos se atreven a nombrar. Mientras se presenta como estandarte de la transición ecológica, como futuro exportador de energía limpia, como hub industrial de la nueva era digital y del hidrógeno verde, va quedando cada vez más desnuda de lo que la hizo grande: su campo, su cultura agraria, su paisaje, su riqueza gastronómica y su sentido del equilibrio.

Como decía Epicteto, «no es lo que sucede lo que nos daña, sino nuestra opinión sobre ello». Y la opinión que se está imponiendo en las altas esferas es que todo es sacrificable en nombre del avance. El olivo centenario, el viñedo que da identidad, la dehesa, la encina, el paisaje entero se colocan hoy en la balanza frente a una promesa: ser el proveedor energético de Europa. Pero, ¿y si esa promesa es un espejismo?

El precio de una ambición mal medida

Según el informe de la Cámara de Comercio Americana (AmChamSpain), España tiene el potencial de convertirse en líder europeo en energías renovables. Ya genera más del 50% de su electricidad desde fuentes limpias, y proyecta alcanzar un 81% para 2030. Sin embargo, este impulso está devorando el territorio agrario a un ritmo alarmante.

Miles de hectáreas de cultivo están siendo ocupadas por megaproyectos eólicos y solares. Se sacrifican ecosistemas, se matan aves protegidas, se arranca historia viva en forma de olivos, como ya ocurre en muchas comarcas de Jaén, Córdoba o Teruel. Se presiona a agricultores a vender o ver sus tierras expropiadas. Y ahora, empiezan a sonar con fuerza las viejas intenciones de acabar también con cepas históricas, como ya intentaron algunos tecnócratas a finales del siglo XX. Entonces, fue Loyola de Palacio quien puso freno. ¿Quién lo hará hoy?

No hay plan serio que priorice terrenos baldíos. No hay debate real sobre el modelo agrícola. Y lo que es peor: apenas hay crítica. El pensamiento crítico ha desaparecido de los medios generalistas, de las universidades, de los foros empresariales. La clase política calla, la clase empresarial bendice el negocio, y el ciudadano medio ha perdido la costumbre de exigir su derecho a un modelo con sentido. Como diría Marco Aurelio, «la dignidad del hombre radica en resistir a la presión de lo externo». Hoy, esa dignidad está ausente.

Esta transición afecta también al turismo gastronómico, una de las joyas de nuestra marca-país. ¿Qué valor tendrá un destino gastronómico sin paisaje, sin productos autóctonos, sin aceite de olivas propias ni quesos artesanales ligados al territorio? El vaciado del campo también es un vaciado cultural.

Hemos pasado de ser el tercer país de la UE en cabezas de ganado al quinto, y la tendencia no frena. Las exigencias climáticas se imponen sin equilibrio ni compensación. Se penaliza al productor local mientras se sigue importando carne y lácteos de países con estándares mucho más bajos. Lo que antaño era una fuente de autonomía alimentaria, hoy se degrada en nombre de una falsa modernidad.

Una hoja de ruta con virtud

Los estoicos enseñaban que la virtud es el único bien. Que actuar con justicia, templanza y razón es el camino para una vida plena. Hoy, más que una transición ecológica, necesitamos una transición ética.

Debemos exigir:

  1. Una auditoría real de los terrenos ocupables para energías renovables que priorice suelos baldíos y no agrícolas.
  2. La protección legal de olivos, encinas, viñedos y ecosistemas autóctonos.
  3. El rediseño del modelo de ayudas: no más subvenciones a proyectos sin retorno local, ni tecnología 100% importada.
  4. Incentivos al sector primario sostenible, que no penalicen sino premien el equilibrio ecológico y el arraigo.
  5. Espacios de pensamiento crítico reales: en medios, en escuelas, en parlamentos, en consejos empresariales.
  6. El cumplimiento estricto de las fichas de impacto ambiental, que hoy ni España ni la Unión Europea están exigiendo a estos megaproyectos energéticos.
  7. Evaluaciones reales sobre el impacto de estas políticas en las pymes, verdadero motor de sostenibilidad económica en Europa. Sin ellas, no hay futuro.

Y, por último, una cuestión fundamental: ¿quién manda realmente en la Unión Europea? ¿A qué principios obedecen sus políticas? Si no lo sabemos, ni lo cuestionamos, nos estamos convirtiendo en meros peones en un juego que no hemos elegido.

Como advertía Séneca: «No hay viento favorable para el que no sabe a qué puerto se dirige». Si no hacemos algo ahora, pronto no quedará nada. Ni campo, ni cultura, ni energía suficiente que compense haber perdido el alma.

Mirian Izquierdo. Doctora en Economía. Exfuncionaria de la Comisión Europea Autora de La Unión Europea en manos de las empresas y La Unión Europea en manos de las entidades locales y territoriales. Presidenta de la Fundación Woman Forward. CEO de Comerciando Global y Chair de Vistage España.

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