España ante la encrucijada: ¿Potencia energética renovable a costa de su alma agrícola?

Columna de opinión para 20 Minutos

La sociedad española atraviesa una transformación profunda impulsada por una agenda global de sostenibilidad y reindustrialización. El país se encuentra ante la oportunidad -y el riesgo- de convertirse en un referente europeo en energías renovables, pero la falta de pensamiento crítico y la escasa respuesta de instituciones y empresas amenazan con sacrificar valores, paisajes y sectores estratégicos que han definido su identidad y prosperidad.

España, entre la oportunidad y el desconcierto

España se presenta hoy como un país clave en la transición energética europea. Según la Cámara de Comercio de Estados Unidos en España (AmChamSpain), la nación tiene la posibilidad de duplicar el peso de su industria hasta alcanzar el 22% del PIB en 2035, apoyándose en recursos renovables, una infraestructura industrial sólida y una ubicación estratégica21. El plan es ambicioso: liderar la generación de energía limpia, atraer inversiones internacionales y posicionarse como polo tecnológico e industrial.

Sin embargo, mientras los informes y discursos celebran el avance hacia una economía descarbonizada, se multiplican las señales de alarma en el sector primario. El campo español, motor histórico de la economía y la cultura, se ve amenazado por la expansión de macroproyectos eólicos y solares que, en ocasiones, ocupan tierras fértiles y obligan a arrancar olivos centenarios, poniendo en jaque la producción de aceite de oliva y encurtidos, sectores en los que España es líder mundial. Esta paradoja se agrava en un país que ya destaca en turismo gastronómico y que cuenta con millones de hectáreas de terrenos baldíos, aptos para instalaciones renovables sin sacrificar cultivos productivos.

La destrucción del sector primario y el espejismo de la sostenibilidad

¿Qué sentido tiene destruir el campo para producir energía “verde”?

La hoja de ruta de AmChamSpain apuesta por aprovechar “la capacidad de gestión de grandes espacios” y la abundancia de sol y viento para atraer industrias electrointensivas y centros de datos, prometiendo empleo cualificado y reindustrialización21. Pero la realidad sobre el terreno es más compleja:

  • Destrucción de paisaje y biodiversidad: La instalación masiva de parques solares y eólicos en zonas agrícolas y de alto valor ecológico ha provocado la tala de miles de árboles centenarios y la alteración de hábitats de especies protegidas. Diversos estudios y organizaciones han alertado sobre la mortandad de aves y el impacto en la fauna local, especialmente en áreas de alta concentración de aerogeneradores.
  • Riesgo para la soberanía alimentaria: Convertir tierras de cultivo en infraestructuras energéticas reduce la capacidad de España para satisfacer la demanda interna de alimentos y debilita su posición como potencia agroalimentaria. El olivar, símbolo nacional y fuente de riqueza, se ve especialmente amenazado, con propietarios forzados a vender o expropiados ante la presión de grandes proyectos energéticos.
  • Sostenibilidad cuestionable: La promesa de una energía limpia y barata se enfrenta a la realidad de una generación intermitente e inestable, que aún depende del respaldo de gas y nuclear para garantizar el suministro. Además, la producción masiva de paneles solares y turbinas eólicas ha enriquecido principalmente a China, que domina la fabricación global tras décadas de subvenciones millonarias y el cierre de la industria europea y española.

¿Por qué no se aprovechan los terrenos baldíos?
La falta de planificación y la presión de intereses empresariales han llevado a elegir la vía rápida: ocupar tierras agrícolas productivas en lugar de priorizar superficies degradadas o sin uso agrícola. El resultado es una deforestación con “efecto espejo”, donde el paisaje tradicional se sustituye por extensiones de placas solares y molinos, alterando la identidad visual y ecológica de regiones enteras.

El silencio de las instituciones y la ausencia de pensamiento crítico
Ni las administraciones ni la clase empresarial han articulado una defensa firme del campo ni de los valores asociados al paisaje y la biodiversidad. La agenda de convertir a España en una potencia renovable parece contar con el beneplácito tácito de todos, mientras apenas se escuchan voces críticas que defiendan los árboles, las especies protegidas y el sustento de la economía rural.

¿Qué hoja de ruta necesitamos? La lección estoica

Frente a esta situación, cabe preguntarse: ¿qué sentido tiene sacrificar el paisaje, la biodiversidad y la economía rural en nombre de una transición energética que, lejos de garantizar autonomía, incrementa la dependencia de actores externos y pone en riesgo sectores estratégicos?

Aquí es donde el pensamiento crítico y el legado del estoicismo, tan arraigado en la cultura española, ofrecen una brújula moral y práctica. Los estoicos, desde Séneca hasta Epicteto, enseñaron la importancia de actuar con virtud, responsabilidad y reflexión, distinguiendo entre lo que depende de nosotros y lo que no. Aplicado al presente, esto implica:

  • Defender el equilibrio y la prudencia: La transición energética debe ser compatible con la protección del sector primario, el paisaje y la biodiversidad. No se trata de rechazar el progreso, sino de evitar el “progreso suicida” que destruye los cimientos de la prosperidad y la identidad nacional.
  • Recuperar la soberanía industrial y tecnológica: España debe aprender de los errores del pasado, cuando se subvencionó la fabricación de paneles solares solo para perder el sector ante la competencia china. Es urgente invertir en innovación, formación y producción local, evitando la dependencia de mercados externos que no comparten nuestros valores ni intereses estratégicos
  • Fomentar el pensamiento crítico y el debate público: La sociedad necesita recuperar la capacidad de cuestionar, debatir y exigir transparencia y rendición de cuentas. Solo así se evitará que el silencio y la inacción legitimen decisiones irreversibles.

Como diría Séneca, “no es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho”. España aún está a tiempo de elegir un camino de transición justa, que combine energía limpia, soberanía alimentaria, respeto por el paisaje y una economía diversificada y resiliente. Pero para ello necesita, más que nunca, pensamiento crítico, valentía y una visión de país que no sacrifique lo esencial por lo accesorio.

La agenda global de sostenibilidad y reindustrialización ofrece oportunidades, pero también riesgos existenciales para la España rural y productiva. La destrucción del sector primario en aras de la energía renovable, sin un debate crítico y una planificación responsable, amenaza con empobrecer el país en valores, biodiversidad y autonomía. Recuperar la tradición estoica de reflexión, equilibrio y acción responsable puede ser la clave para afrontar este desafío y construir una España verdaderamente sostenible y soberana.

Mirian Izquierdo. Doctora en Economía. Exfuncionaria de la Comisión Europea Autora de La Unión Europea en manos de las empresas y La Unión Europea en manos de las entidades locales y territoriales. Presidenta de la Fundación Woman Forward. CEO de Comerciando Global y Chair de Vistage España.

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